23 de diciembre de 2009

Cincuenta dólares

Esther y Morris asistían cada año a una feria en su estado, y todos los años Morris le decía lo mismo a Esther: -Esther, cómo me gustaría subir a un helicóptero. Esther siempre respondía. -Lo sé, Morris, pero el piloto cobra cincuenta dólares por viaje, ¡y cincuenta dólares son cincuenta dólares! El siguiente año asistieron a una nueva feria, y Morris dijo a Esther: -Esther, ya tengo 85 años, y si hoy no me subo al helicóptero tal vez no tenga otra oportunidad. -Morris, el piloto cobra cincuenta dólares, ¡y cincuenta dólares son cincuenta dólares! El piloto escuchó la conversación del matrimonio de ancianos y les dijo: -Señores, no he podido evitar escuchar su conversación, y quiero proponerles algo: yo los llevaré a los dos pero con la condicion de que deben permanecer callados durante todo el viaje. Si lo hacen así no les cobraré un solo centavo. Pero si ustedes dicen una sola palabra les cobraré los cincuenta dólares. La pareja sonrió y aceptó la oferta. El piloto, durante el viaje, hizo todas las piruetas y maniobras que pudo para provocar que ellos dijeran alguna cosa, una y otra vez, pero no escuchó absolutamente ningún ruido en la parte trasera del helicóptero. Cuando aterrizaron, el piloto le dijo a Morris: -¡Estoy impresionado! Hice todo lo posible para que ustedes dijeran algo, pero no ha habido manera. Morris respondió: -Le diré la verdad: estuve a punto de decir algo cuando Esther se cayó del helicóptero. Pero, ya sabe, ¡cincuenta dólares son cincuenta dólares!

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Despáchate a gusto. Estás en tu casa.