25 de diciembre de 2009

El guisante debajo del colchón

Había un cuento que decía algo así como que a una princesa le ponían un guisante debajo del colchón y si no lo notaba no era la verdadera princesa (o algo parecido, es que no lo recuerdo bien). Pues ahora han inventado un despertador basado en ese cuento. Después de activarse unos cuantos mecanismos, un enorme guisante se hincha debajo de tu colchón para que te despiertes. En el vídeo explica el funcionamiento del artilugio.
Y recuerda: Si no notas el guisante no eres una verdadera princesa. (Que alguien me explique el cuento porque se me ha olvidado).

4 comentarios :

  1. Érase una vez un príncipe que quería casarse con una princesa, pero que fuese una princesa de verdad. En su busca recorrió todo el mundo, mas siempre había algún pero. Princesas había muchas, mas nunca lograba asegurarse de que lo fueran de veras; cada vez encontraba algo que le parecía sospechoso. Así regresó a su casa muy triste, pues estaba empeñado en encontrar a una princesa auténtica.
    Una tarde estalló una terrible tempestad; sucedíanse sin interrupción los rayos y los truenos, y llovía a cántaros; era un tiempo espantoso. En éstas llamaron a la puerta de la ciudad, y el anciano Rey acudió a abrir.

    Una princesa estaba en la puerta; pero ¡santo Dios, cómo la habían puesto la lluvia y el mal tiempo! El agua le chorreaba por el cabello y los vestidos, se le metía por las cañas de los zapatos y le salía por los tacones; pero ella afirmaba que era una princesa verdadera.
    "Pronto lo sabremos", pensó la vieja Reina, y, sin decir palabra, se fue al dormitorio, levantó la cama y puso un guisante sobre la tela metálica; luego amontonó encima veinte colchones, y encima de éstos, otros tantos edredones.
    En esta cama debía dormir la princesa.
    Por la mañana le preguntaron qué tal había descansado.
    - ¡Oh, muy mal! - exclamó -. No he pegado un ojo en toda la noche. ¡Sabe Dios lo que habría en la cama! ¡Era algo tan duro, que tengo el cuerpo lleno de cardenales! ¡Horrible!
    Entonces vieron que era una princesa de verdad, puesto que, a pesar de los veinte colchones y los veinte edredones, había sentido el guisante. Nadie, sino una verdadera princesa, podía ser tan sensible.
    El príncipe la tomó por esposa, pues se había convencido de que se casaba con una princesa hecha y derecha; y el guisante pasó al museo, donde puede verse todavía, si nadie se lo ha llevado.

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  2. Ahhh... y el guisante está en un museo??

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  3. No sé yo si un guisante despertaría a una princesa, pero este artilugio seguro que despierta a la más plebeya.

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Despáchate a gusto. Estás en tu casa.