9 de febrero de 2010

Elefantes verdugos

Los elefantes han sido, durante milenios, valiosos colaboradores humanos. Son animales fuertes, relativamente mansos y fáciles de domesticar. Nos han ayudado a transportar grandes cargas y a construir colosales obras y como inseparables compañeros del hombre también nos han ayudado a guerrear. Pero como la retorcida inteligencia humana no tiene límites, también se les ha enseñado a realizar las tareas más sucias y por esa razón existen elefantes verdugos. Utilizar elefantes fue un método de ejecución común para aquellos que eran condenados a muerte en el sur y sudeste asiático, especialmente en la India, durante casi 4.000 años, aunque también la usaron Romanos, Cartagineses e incluso en la Biblia se menciona (en el Deuteronomio). Romanos y Cartaginese los utilizaron sobre todo para ejecuciones en masa, contra amotinados o ejercitos vencidos. En cambio en Oriente, el uso de los elefantes como verdugos estaba unido a su utilización como símbolo del poder real. A través del elefante se representaba el poder del rey, de forma que la ejecución por esta vía también era una forma de hacer llegar al pueblo que el poder real se encargaba de dispensar la vida y la muerte. La inteligencia, domesticación y versatilidad de los paquidermos les daba ventajas considerables respecto a otros animales salvajes como leones y osos, también usados como medio de ejecución. Lo más importante es que además estaban bajo el control constante de su conductor, lo que permitía garantizar un perdón de último minuto en el caso de querer mostrar piedad. Los elefantes podían entrenarse para matar rápidamente a la víctima simplemente aplastándole la cabeza o ejecutar a los prisioneros de muy variadas formas, prolongando la agonía hasta una muerte lenta mediante torturas. Los elefantes, guiados por su conductor, sabían dislocar miembros o romper huesos sin hacer lesiones mortales, por ello en ocasiones se les usaba para realizar "ordalías" una especie de "Juicio de Dios" donde el elefante "jugaba" con el reo (en ocasiones durante horas) y si este sobrevivía, era perdonado. La forma más común de ejecución era el aplastamiento del cuerpo o de la cabeza, pero también clavando los colmillos o poniéndoles cuchillas en los mismos. Otras veces sujetaba al reo con una pata al suelo y con la trompa le arrancaba los miembros uno a uno. También se ataba al condenado a una pata del animal y era arrastrado. Se ha conservado un relato de ese tipo de tortura y ejecución en la ciudad de Vadodara en 1814, que ha sido preservado en Las Anécdotas de Percy. El hombre era un esclavo, y dos días antes había asesinado a su dueño, hermano de un jefe nativo llamado Ameer Sahib. Alrededor de las once fue traído el elefante, con sólo el conductor en su espalda, rodeado de nativos con bambúes en sus manos. El criminal fue colocado tres yardas detrás, en el suelo, sus piernas atadas por tres cuerdas, que a su vez estaban atadas a un anillo en la pata trasera derecha del animal. A cada paso que daba el animal le arrastraba hacia delante, y cada ocho o diez pasos le dislocaba algún miembro, que cuando el elefante había avanzado unas quinientas yardas estaban ya todos sueltos y rotos. El hombre, aunque cubierto de lodo, mostraba todos los signos de vida, y parecía estar pasando por el peor de los tormentos. Tras haber sido torturado de esta forma alrededor de una hora, se le llevó fuera de la ciudad, en donde el elefante, que está entrenado para este propósito, avanzó marcha atrás y puso su pata encima de la cabeza del criminal. El aplastamiento por elefante fue abolido por los británicos en su conquista colonial de la India en 1815, y en la actualidad, afortunadamente, no se realizan ejecuciones de este tipo en ninguna parte del mundo. (Esto lo he encontrado aquí pero está mejor explicado aquí)

3 comentarios :

  1. Imaginación no nos falta para matar.

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  2. nunca me habia imaginado que los elefantes también se usaran para esto,era un metodo bastante cruel,en eso hemos avanzado

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  3. Que cosa tan horrible. Mira que cosa tenga el ser humano de siempre andar buscando hacer daño al otro. ¡Terrible!.

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