16 de marzo de 2010

El dedo de la monja

Era la hora de la comida. En el comedor del colegio de monjas, todos los niños apuraban sus platos. Todos, menos uno: Jaimito. Cuando la monja que los vigilaba se dio cuenta, lo llevó rápidamente al despacho de la madre superiora. Ésta, dando unos golpecitos en la nariz de Jaimito con su dedo índice, le recriminó cariñosamente: -¡Jaimito, a los niños que no comen se los lleva el demonio al infierno! Jaimito, arrugando la nariz, respondió: -¿Ah, sí? ¡Pues a las monjas que no follan les huele el dedo a bacalao!

1 comentario :

Despáchate a gusto. Estás en tu casa.