5 de julio de 2012

El hombre más fértil del mundo

Esta es la historia del que posiblemente sea el hombre más fértil del mundo, y posiblemente también uno de los más cabrones, todo hay que decirlo.

Cuenta la periodista:

Sombrero de cuero elegante, pantalones cortos color caqui, calcetines bien estirados y bastón de mando. Le veo y sé que es él. Inconfundible. El hombre de las 130 mujeres. Akuku Danger. Así le llaman en su aldea y así se le conoce en toda Kenia. El Peligro de las mujeres. Le veo a lo lejos. Estirado, alto y erguido. Noventa y dos años muy bien llevados. Mejor, imposible. Dos metros y 10 centímetros de hombre. Un auténtico portento de macho que asegura no existe hembra en la Tierra que se le resista.

Todavía tengo en la cabeza el griterío de la ristra de niños descalzos que han salido a mi encuentro. «¡Un blanco! ¡Ha llegado un blanco!». Así me reciben en esta aldea del suroeste de Kenia, a una hora en coche de la orilla del Lago Victoria y a diez de Nairobi, la capital. Es la aldea de Akuku Danger, el hombre de las 130 mujeres, 110 hijos, 305 hijas y -según me aseguran sus parientes- más de medio millar de nietos.

El semental que ha repartido sus genes por toda la aldea de Aora Chudho, un lugar que no aparece en los mapas, me recibe vestido de gala, un dato que a mí me sorprende pero que para él es rutinario.

Akuku Danger no lo sabe, ni se lo plantea, pero posiblemente albergue un récord mundial. Sin duda, ostenta el récord nacional de Kenia de la poligamia. A sus 92 años, Akuku ha batido una cifra impensable para la gran mayoría. «A veces se casaba con tres mujeres en una misma ceremonia», me cuenta uno de sus hijos, del mismo nombre. Su primera boda fue en 1938, a los 20 años. La última, en 1997, cuando él tenía 79 y su futura esposa 18. Josephine tiene ahora tiene 31 y me dicen que es la más mimada. Es su último capricho. De ella tiene tres hijos, el menor de cinco años y otro en camino. Isabel -su amiga del alma- me confiesa que la última de las esposas está embarazada de cinco meses aunque haga lo posible por esconder tripa. Josephine es consciente de que casi 100 años separan a padre e hijo. No habla inglés, ni suajili [el idioma nacional de Kenia], sólo se maneja con el luo, el idioma de su tribu, la de los Akuku. En su vida ha pisado una escuela -como tampoco lo ha hecho su marido- y pasa sus días entre el estanque donde recoge el agua y su chabola. Pero se siente realizada.

Hoy, de sus 130 mujeres, una treintena ha fallecido, y otras tantas han sido devueltas (hoy le quedan sólo 52 en total). Es el eufemismo que demuestra que en África también existe el divorcio. «Muchas me fueron infieles. Ante eso, no hay perdón», declara. Nadie sabe dónde viven ahora las agraviadas. Han caído en el ostracismo más absoluto. Una de las vecinas me cuenta que cuando Akuku descubrió la traición de una de ellas, él mismo arrancó con sus manos el tejado de hojalata de la chabola que le había construido. Después, la mandó de vuelta a casa de sus padres, quienes tuvieron que pagar de vuelta la dote: una decena de vacas y otras tantas cabras. La desgracia también ha pasado por casa de los Akuku. De sus 415 hijos, 39 han fallecido.

Aquí el macho Alfa:


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3 comentarios :

  1. Vaya fenómeno el Pichabrava este.

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  2. Vaya con el pavo. Lo que hace ser pobre en ciertos sitios: esto con la televisión no pasa.
    Salu2

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  3. El caso es que este es el rico de la aldea, algo así como un cacique. Y tiene un negocio de transporte entre aldeas y a las mujeres las tiene en chabolas de hojalata.

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