16 de enero de 2017

Murió por explotarse un grano

Aleksandr Skriabin fue un gran compositor y pianista ruso, considerado uno de los músicos más innovadores en toda la historia de la música.

Ya de niño apuntaba maneras. Como le fascinaban los pianos, se dedicaba a fabricarlos y luego los regalaba. También improvisaba y tocaba de oído siendo bien pequeño. En resumen, durante su carrera innovó mucho y fue un grande en lo suyo.

Pero también estaba como una regadera. Se metió en la teosofía, un movimiento esotérico raro que afirma tener una inspiración especial de lo divino por medio del desarrollo espiritual. Desvariaba afirmando que era más grande que Jesucristo e intentó emularle caminando sobre las aguas de un lago en los Alpes. El milagro acabó en chapuzón, y supongo que por poco no acabó también en pulmonía doble. El caso es que continuó predicando sus chifladuras a los del pesquero que lo rescató. Posteriormente proyectó la creación de una obra con muchos efectos especiales la cual, después de ser puesta en escena en el Himalaya, iba a provocar el colapso de la civilización y el surgimiento de un nuevo mundo. Un genio, sí, pero como un cencerro.

Y su muerte fue igual de extraña que su vida. Un buen día quiso reventarse un grano que le había salido en el labio superior, y lo hizo tan mal que el pus se internó en su torrente sanguíneo causándole una infección que acabó con su vida.

No deja de ser extraño, teniendo en cuenta que cada segundo millones de granos deben ser explotados en todo el mundo.


Esta historia la he descubierto en https://hipertextual.com

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